¿Por dónde empezamos?

A la hora de diseñar el huerto escolar debemos tener claras las respuestas a las siguientes preguntas:


Lo primero que debemos aclarar es quiénes van a encargarse del huerto escolar, qué objetivos se pretenden lograr con este recurso  e hilar ambos mediante los programas de trabajo para ejecutarlos. La idea es integrar el huerto en el diseño del centro a todos los niveles (o al máximo de niveles posible).(Profundizaremos en este aspecto en el módulo III).

¿Queremos un huerto para producir alimentos?, ¿para ver procesos largos naturales?, ¿para identificar plagas?, ¿para enseñar técnicas de laboreo?, ¿para disponer de un espacio de trabajo más atractivo para el alumnado, para probar el método científico…? En función de los objetivos que pretendamos conseguir, el diseño tendrá un enfoque distinto.

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  ¿De qué partimos? Observación de lo que tenemos y recogida de información.

Tenemos que hacer un inventario de lo que ya disponemos: tierra, superficie de cultivo, toma de agua, herramientas… Debemos recoger toda la información posible sobre la climatología de la zona (pluviometría, fecha de primeras y últimas heladas, temperaturas medias mensuales…); orientación de nuestro lugar destinado al huerto, participantes interesados, edificios y árboles de gran porte y sus sombras en las diferentes épocas del año...Sería de gran utilidad realizar un croquis a mano de la zona, a escala si es posible, para diseñar y planificar nos irá de lujo.

Tenemos que analizar toda la información recogida en el apartado anterior y conectar con la siguiente cuestión:

¿Sólo queremos diseñar una zona huerto? ¿O nuestra intención es integrarlo en el resto de jardín de nuestro patio? ¿Queremos crear un corredor ecológico que conecte varias zonas del patio? 

Tenemos que preparar el terreno, nunca mejor dicho, mejorar nuestro sustrato de cultivo, investigar y hacer un listado de las especies que nos interesa cultivar para enlazar a ellas nuestros proyectos interdisciplinares; averiguar si existen variedades locales y cómo conseguirlas; estudiar sus necesidades de horas de sol, temperaturas óptimas de desarrollo, posibles asociaciones favorables y desfavorables, marco de plantación...Y tras analizar todo esto, pensar si preferimos hacer o no semillero, intercambiar planteros o comprar en un vivero el plantel y/o las semillas.

Tenemos que prever una serie de estrategias alternativas para los seguro impedimentos y contratiempos que van a ir surgiendo, nuestro plan B, y saber aprovechar los inconvenientes para hacerlos nuestra ventaja: Por ejemplo: si en tres meses no consigo cosechar una lechuga por las babosas, caracoles, pulgones y gorriones; ¿por qué no probar remedios orgánicos para resolver estas plagas, o estudiar a estas especies en lugar de las lechugas?

Continuamente evaluaremos e iremos amoldandonos a los nuevos escenarios. Es en la fase que más se aprende, la de ensayo y error. Una vez tengamos estas premisas medianamente claras, pasamos a la acción.