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1.2 Cambios socioeducativos

Vivir en sociedades en proceso de digitalización exige nuevas prácticas educativas, una reflexión ética, un pensamiento crítico, prácticas de concepción responsables y nuevas competencias, dadas las implicaciones para el mercado laboral, la empleabilidad y la participación cívica.

Además, es importante que los profesores actúen con la debida dili-

gencia cuando utilicen una nueva forma de tecnología, examinando

los términos de servicio, viendo qué cuestiones de protección y pri-

vacidad de datos están asociadas a las tecnologías que se espera que

utilicen los estudiantes, lo que algunos investigadores han descrito

como una “auditoría tecnoética” del software, aplicaciones y platafor-

mas en el aula (Adams y Groten 2024).

Asociado a estas competencias, está el saber cuándo no usar la tecno-

logía. En este sentido, para los docentes saber cuándo la tecnología

realmente aporta valor a un proceso educativo es fundamental. Por

ejemplo, ¿cuando la tecnología está permitiendo a las personas hacer

cosas que de otro modo no serían posibles? Por lo tanto, y al mismo

tiempo, darse cuenta de dónde la tecnología no aporta realmente

valor es una competencia esencia. CAP 2 LUDMILA

Las tecnologías de la IA desempeñan una función cada vez más importante en el procesamiento, la estructuración y el suministro de información; las cuestiones del periodismo automatizado y del suministro algorítmico de noticias y la moderación y la conservación de contenidos en los medios sociales y los buscadores son solo algunos ejemplos que plantean cuestiones relacionadas con el acceso a la información, la desinformación, la información errónea, el discurso de odio, la aparición de nuevas formas de narrativa social, la discriminación, la libertad de expresión, la privacidad y la alfabetización mediática e informacional, entre otras (UNESCO 2022. Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial).

Así pues, la integración de la inteligencia artificial (IA) en el sistema educativo no constituye simplemente una actualización de las herramientas pedagógicas, sino una transformación sistémica que exige una sólida base ética y un marco jurídico riguroso. En el contexto del Espacio Europeo de Educación, el despliegue de estas tecnologías se rige por un principio fundamental: la IA debe estar al servicio del ser humano y del bien común, respetando los derechos fundamentales y los valores democráticos.

La complejidad de este ecosistema se deriva de la dualidad de la IA en el aula: por un lado, ofrece oportunidades sin precedentes para la personalización del aprendizaje y la eficiencia administrativa; por otro, introduce riesgos significativos relacionados con la privacidad, el sesgo algorítmico y la autonomía del estudiante.