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1.5. Rol de docente: control pedagógico y toma de decisiones

Nuestro rol del docente no se reduce, sino que se vuelve más relevante y complejo (si cabe). Lejos de delegar funciones asumimos un papel central como garantes del sentido pedagógico de la evaluación, responsable último de la interpretación de las evidencias de aprendizaje y de la toma de decisiones que afectan a nuestro alumnado.

El control pedagógico implica que, como docentes, definimos qué se evalúa, cómo se evalúa y con qué finalidad (como ya hacíamos antes de la IA). Aunque la IA puede sugerir instrumentos, criterios o incluso propuestas de retroalimentación, somos nosotros/as quienes debemos seleccionar, adaptar y validar estos elementos en función del currículo, del contexto del aula y de las características de nuestro alumnado (como también hacíamos antes de la IA). Por ejemplo, una rúbrica generada con ayuda de IA debe ser revisada para asegurar que se ajusta a los criterios de evaluación establecidos y que es comprensible y útil para nuestro alumnado.

Además, debemos ejercer una supervisión constante de las salidas de la IA. Esto supone analizar críticamente las propuestas generadas, detectar posibles errores o sesgos y decidir si son adecuadas antes de utilizarlas. La IA no tiene conocimiento del contexto específico de nuestro aula o centro, por lo que sus aportaciones requieren siempre una contextualización pedagógica. Esta supervisión no es opcional, sino una responsabilidad inherente al uso de estas herramientas.

En relación con la toma de decisiones, debemos mantener la responsabilidad exclusiva sobre aspectos clave como la valoración del aprendizaje, la calificación y las decisiones académicas. La IA puede ofrecer información o sugerencias, pero no puede sustituir nuestro juicio profesional. Por ejemplo, ante una producción del alumnado, una herramienta de IA puede proponer distintos niveles de logro, pero nos corresponde a nosotros/as interpretar esa evidencia teniendo en cuenta el proceso seguido, el progreso del alumno/a y la normativa.

Otro elemento fundamental de nuestra labor es la mediación y orientación del alumnado en el uso de la IA. Debemos enseñar no solo contenidos, sino también a utilizar estas herramientas de forma crítica, ética y responsable. Esto incluye establecer normas claras sobre su uso en tareas evaluables, fomentar la transparencia (por ejemplo, indicando cuándo se ha utilizado IA en una actividad) y promover la reflexión sobre su impacto en el aprendizaje.

Asimismo, debemos velar por el cumplimiento de principios esenciales como la equidad, la inclusión y la protección de datos. Esto implica, entre otras cuestiones, garantizar que el uso de la IA no genere desigualdades entre nuestro alumnado y que cualquier información utilizada esté debidamente anonimizada cuando se introduzca en herramientas externas.

En definitiva, actuaremos como eje vertebrador del proceso de evaluación, integrando la IA como un recurso más, pero manteniendo el control pedagógico y la responsabilidad en cada una de las decisiones que adoptemos. Frase esta que aplicamos a la IA pero podríamos aplicarla a cualquier cambio que en los últimos 20-30 años haya habido en el mundo y que han impactado en la educación.