2.3. Dar vida en el papel: creación de personajes
Si la estructura es el esqueleto y el conflicto es el corazón, los personajes son la sangre que da vida al relato. Podemos tener la trama mejor construida del mundo, pero si los personajes no interesan, si no nos importa lo que les ocurre, la historia fracasa.
2.2.1. El personaje no es un nombre y una descripción
Uno de los errores más comunes cuando pedimos a los alumnos que creen un personaje es que se limitan a describirlo físicamente: "María es alta, morena, tiene los ojos verdes y lleva gafas". Eso no es un personaje; es un retrato robot. Un personaje es, sobre todo, un conjunto de deseos, miedos, contradicciones y recuerdos.
Lo esencial: deseo y miedo
Todo personaje que merezca la pena quiere algo (deseo) y, al mismo tiempo, teme algo (miedo). Esa tensión entre lo que quiere y lo que teme es lo que lo hace humano, lo que genera identificaciones y rechazos en el lector.
Pongamos un ejemplo con un personaje clásico de la literatura: Edmundo Dantés, el protagonista de El conde de Montecristo de Alejandro Dumas.
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Deseo: Dantés quiere ser feliz, casarse con Mercedes, ser capitán del barco. Más tarde, tras su injusto encarcelamiento, su deseo se transforma en venganza contra quienes lo traicionaron.
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Miedo: Al principio, miedo a perder a Mercedes, a que algo frustre su futuro. Después, miedo a morir en la prisión sin haber hecho justicia. Y finalmente, miedo a convertirse en un monstruo, a que la venganza lo deshumanice.
Esa evolución del deseo y el miedo a lo largo de la novela es lo que hace que Dantés sea un personaje fascinante, que el lector lo acompañe en su viaje durante más de mil páginas.
Otro ejemplo: Ana Karenina de León Tolstói.
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Deseo: Ana desea amor verdadero, pasión, escapar de un matrimonio sin amor con un hombre mayor y frío.
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Miedo: Miedo a perder a su hijo, miedo al rechazo social, miedo a que su nuevo amor, Vronsky, deje de amarla.
La tragedia de Ana Karenina nace precisamente de esa tensión: cuanto más persigue su deseo, más se acerca a su miedo.
La identificación con el personaje es esencial para que el lector quiera seguir leyendo nuestra historia. Para ello, los personajes deben parecer reales, incluso en las ficciones más fantásticas, lo importante es que los personajes tengan virtudes, defectos, recuerdos... Miles de niños y adolescentes no se sintieron identificados con Harry Potter porque fuera a una escuela donde las lechuzas traen el correo y hable con las serpientes, se sintieron emocionalmente conectados con Harry porque se siente solo, busca su lugar en el mundo y lucha contra un lado oscuro que siente en su interior.
2.2.2. La ficha de personaje: preguntas que importan
Para ayudarnos a crear personajes con profundidad, muchos autores y guionistas crean fichas de personajes respondiendo a preguntas relevantes y muy concretas.
Aquí tenemos una propuesta de preguntas esenciales:
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¿Qué es lo que más desea este personaje en el mundo? (No vale "ser feliz", hay que concretar: ¿qué le haría feliz?)
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¿Qué es lo que más teme? (No vale "el fracaso", hay que concretar: ¿qué fracaso concreto le aterra?)
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¿Cuál es su mayor secreto? (Algo que no le ha contado a nadie, algo que le avergüenza o que le hace vulnerable.)
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¿Qué objeto guarda en un cajón y no tira porque le trae recuerdos? (Un objeto cotidiano que tenga carga emocional.)
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¿Qué diría de él/ella su peor enemigo? (Cómo lo verían sus detractores.)
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¿Qué diría de él/ella su mejor amigo? (Cómo lo ven quienes lo quieren.)
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¿Cómo ha cambiado en los últimos cinco años? (Su evolución reciente.)
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¿Qué cree la gente de él/ella que es falso? (El malentendido social que arrastra.)
Estas preguntas no solo ayudan a construir el personaje, sino que además generan tramas potenciales. Ese secreto, por ejemplo, puede salir a la luz en algún momento y desencadenar el conflicto. Ese objeto guardado puede ser la clave de un misterio.
2.2.3. Personajes redondos y personajes planos
Es importante entender que no todos los personajes necesitan la misma profundidad. En cualquier historia, hay personajes principales y personajes secundarios.
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Personaje redondo (o complejo): Es el protagonista, o los personajes más importantes. Tienen matices, contradicciones, evolucionan a lo largo de la historia. El lector puede entender sus motivaciones, aunque no las comparta. Ejemplo: el narrador de "El gato negro", Edmundo Dantés, Ana Karenina.
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Personaje plano: Cumple una función concreta en la historia y no necesita desarrollo. El cartero que trae la carta, el profesor que pone una nota, el compañero de clase que da un consejo. Estos personajes no cambian, no tienen contradicciones, y eso está bien porque la historia no va sobre ellos.
El error de muchos principiantes es querer dar profundidad a todos los personajes, y el relato se llena de información innecesaria que distrae de lo principal.
2.2.4. Actividad práctica: crear un personaje con deseo y miedo
Ahora te toca a ti crear un personaje.
Instrucciones:
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Piensa en un personaje para una historia. Puede ser de cualquier edad, cualquier contexto. Puede inspirarse en alguien real o ser totalmente inventado.
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Responde a estas preguntas sobre tu personaje:
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Nombre completo:
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Edad aproximada:
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¿Qué es lo que más desea en este momento de su vida? (Deseo concreto)
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¿Qué es lo que más teme? (Miedo concreto)
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¿Cuál es su mayor secreto?
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¿Qué objeto guarda y por qué?
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Ahora, escribe un párrafo breve (10-15 líneas) presentando a este personaje en una situación cotidiana. No describas su deseo y su miedo directamente; muéstralos a través de sus acciones, sus pensamientos, sus gestos.
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Reflexiona: ¿Cómo influye el deseo en su comportamiento? ¿Cómo influye el miedo? ¿Qué conflicto potencial ves en este personaje?