Conclusión
La inteligencia artificial generativa representa un cambio de paradigma en la enseñanza de lenguas. Hemos pasado de la escasez a la abundancia de materiales, de sistemas rígidos a herramientas flexibles que permiten personalización escalable y retroalimentación contextualizada. Estas posibilidades transforman radicalmente nuestra práctica docente: el tiempo se redistribuye, las competencias profesionales evolucionan, y el aula puede centrarse en aquello que solo la interacción humana puede ofrecer.
Sin embargo, esta transformación tecnológica exige responsabilidades éticas que no podemos eludir. La IA reproduce sesgos lingüísticos y culturales, puede generar contenidos pedagógicamente inadecuados, y plantea riesgos relacionados con la equidad y la privacidad. Por ello, el principio de supervisión humana es fundamental: la IA debe permanecer como herramienta al servicio de objetivos pedagógicos definidos por nosotros, nunca como sustituto de nuestro juicio profesional contextualizado.
Como docentes, debemos desarrollar nuevas competencias —ingeniería de prompts, curación crítica, verificación sistemática, alfabetización en IA— y mantener siempre en el centro nuestro criterio pedagógico, el compromiso con la equidad y el respeto por la diversidad lingüística y cultural. La tecnología es poderosa, pero solo en manos de profesionales que ejercemos continuamente nuestra responsabilidad educativa.
Este marco inicial nos prepara para profundizar en los temas siguientes, donde exploraremos aplicaciones concretas, estrategias específicas y herramientas prácticas que nos permitirán integrar la IA de manera crítica, reflexiva y pedagógicamente fundamentada en nuestra enseñanza de lenguas.
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