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5.2. Trastornos del desarrollo del lenguaje y la comunicación

La normativa diferencia dentro de este grupo tres cuadros con barreras muy distintas: el trastorno fonológico, el trastorno de la fluidez de inicio en la infancia y el trastorno de la comunicación social pragmática. Comparten el hecho de afectar a la comunicación, pero cada uno plantea necesidades específicas, por lo que conviene tratarlos por separado. En los tres casos la intervención corresponde al logopeda, y el papel de la tecnología es de apoyo a la comprensión, a la expresión y a la participación, nunca de sustituto del trabajo especializado. Una advertencia común y de partida: ninguna aplicación de reconocimiento automático del habla debe emplearse como instrumento diagnóstico ni para valorar la calidad de la producción oral de un alumno, un uso para el que estas herramientas no están validadas.

Trastorno fonológico

Afecta a la producción de los sonidos del habla, de modo que el estudiante omite, sustituye o distorsiona fonemas, lo que reduce la inteligibilidad de lo que dice. La barrera principal es que su mensaje no siempre se entiende, con la frustración que eso conlleva. El apoyo desde el aula se centra en reforzar la relación entre el sonido y su representación, y en ofrecer modelos claros. Las tarjetas visuales elaboradas con ARASAAC o maquetadas con Canva ayudan a asociar cada palabra con su imagen, y las grabaciones de modelos de pronunciación, que hoy pueden generarse con voces de síntesis de calidad, dan al estudiante una referencia que puede escuchar cuantas veces necesite. La IA facilita preparar este material a medida con rapidez, pero conviene insistir en que el trabajo sistemático sobre los fonemas lo dirige el logopeda; el aula refuerza y da oportunidades de comunicación, no realiza la intervención articulatoria.

Trastorno de la fluidez de inicio en la infancia

Conocido habitualmente como disfemia o tartamudez, se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla, como repeticiones, bloqueos o prolongaciones de sonidos y sílabas. Es importante partir de una idea que ha cambiado el enfoque de este trastorno: el objetivo no es "corregir" el habla ni eliminar toda disfluencia, sino que el estudiante pueda comunicarse con seguridad y sin miedo. El impacto emocional y social, es decir, la ansiedad ante la exposición o el temor a las burlas, suele pesar tanto como la disfluencia en sí. Por eso, en este ámbito los apoyos más importantes no son tecnológicos, sino actitudinales: dar tiempo para hablar sin completar las frases del estudiante ni meterle prisa, evitar las interrupciones, no exigir la exposición pública obligatoria y ofrecer distintas formas de participar.

Dentro de ese marco, la tecnología puede ofrecer una vía alternativa de expresión cuando la producción oral se convierte en una barrera puntual. Las herramientas de dictado o de voz a texto integradas en Google Documentos o en Microsoft Word permiten que el alumno produzca un texto sin la presión del habla, y un trabajo pensado para presentarse oralmente puede entregarse también grabado en las condiciones que resulten cómodas para el estudiante. La cautela aquí es rotunda y específica: estas herramientas se usan para abrir alternativas de participación, nunca para presionar, para corregir automáticamente ni para medir la fluidez. Un sistema de voz a texto que falla porque no reconoce un bloqueo puede aumentar la ansiedad, justo el efecto contrario al que se busca.

Trastorno de la comunicación social (pragmática)

Afecta al uso social del lenguaje: la dificultad no está en articular ni en construir frases, sino en adecuar la comunicación al contexto, respetar los turnos, interpretar el lenguaje no literal o mantener una conversación. La barrera aparece sobre todo en la interacción con los iguales. El apoyo se orienta a hacer explícitas esas claves sociales que para este alumnado resultan opacas. Los guiones visuales, las historias que anticipan una situación, los ejemplos de conversación y las tarjetas con expresiones de apoyo pueden elaborarse con ARASAAC, Canva o comunicadores con pictogramas como Cboard. Un asistente generativo como ChatGPT o Claude ayuda al profesorado a preparar situaciones comunicativas y a generar, por ejemplo, distintas formas de pedir algo, agradecer o resolver un desacuerdo. La cautela específica de este ámbito es evitar que esos apoyos se conviertan en reglas sociales rígidas: no se trata de enseñar una única manera correcta de comportarse, sino de ampliar el repertorio de recursos del estudiante y de que el material sirva de andamio flexible, no de guion cerrado que deba cumplirse al pie de la letra.

En el aula. En una simulación de compra, el alumnado dispone de tarjetas con expresiones para saludar, pedir, aclarar, agradecer y despedirse, preparadas con ARASAAC y Canva. Cada estudiante puede usarlas como apoyo durante la conversación o construir el mensaje con Cboard si lo necesita. La actividad se practica en parejas, en un entorno de confianza, y se evita la exposición pública obligatoria, de modo que la práctica de las habilidades comunicativas no se convierta en una fuente de presión.