2.4. Construcción de escenas
Una vez que tenemos personajes y sabemos mostrar en lugar de contar, necesitamos aprender a construir escenas. Porque una historia no es más que una sucesión de escenas bien engarzadas.
2.4.1. ¿Qué es una escena?
Una escena es una unidad de acción que ocurre en un tiempo y un lugar concretos. Cuando el tiempo cambia o el lugar cambia, empieza una nueva escena.
Pensemos en una película: cada escena nos muestra lo que ocurre en un sitio y momento determinados. Luego hay un corte (un cambio de plano, un fundido en negro) y pasamos a otra escena. Con la escritura ocurre igual: el equivalente al corte es un espacio en blanco, un cambio de párrafo o un asterisco que indica salto temporal o espacial.
2.4.2. Elementos de una escena
Para que una escena funcione, necesita al menos estos elementos:
1. Marco espacio-temporal:
El lector necesita saber dónde y cuándo ocurre la acción. No hace falta dar coordenadas exactas ("eran las 3:47 de la tarde del 23 de marzo"), pero sí situarlo: "en la cafetería del instituto", "una noche de verano", "en el cuarto de baño de su casa".
2. Personajes presentes:
Quiénes están en la escena. No hace falta nombrarlos a todos si son secundarios, pero sí dejar claro quién es el foco de atención.
3. Conflicto o propósito:
Toda escena tiene que servir para algo. Puede avanzar la trama, revelar información sobre un personaje, crear atmósfera, o varias cosas a la vez. Si una escena no sirve para nada, si no cambia nada, probablemente sobra.
4. Tensión:
Incluso en las escenas cotidianas, puede haber tensión. Un silencio incómodo, una mirada que se esquiva, una palabra que no se dice. La tensión mantiene al lector interesado.
5. Cambio:
Algo debe cambiar desde el principio al final de la escena. Puede ser algo externo (un personaje entra, ocurre un suceso) o interno (un personaje descubre algo, toma una decisión, cambia de opinión). Si al final de la escena todo sigue igual que al principio, esa escena no funciona.
2.4.3. Ejemplo de escena bien construida
Leamos la primera escena de la novela de Jane Austen, Orgullo y prejuicio:
Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
—Mi querido señor Bennet —le dijo un día su esposa—, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
—Pues así es —insistió ella—; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.—¿No quieres saber quién lo ha alquilado? —se impacientó su esposa.
—Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
Esta sugerencia le fue suficiente.
—Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Morris; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo; y que algunos de sus criados estarán en la casa a finales de la semana que viene.
—¿Cómo se llama?
—Bingley.
—¿Está casado o soltero?
—¡Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cinco mil libras al año. ¡Qué buen partido para nuestras hijas!
—¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?
—Mi querido señor Bennet —contestó su esposa—, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas.
—¿Es ese el motivo que le ha traído?
—¡Motivo! Tonterías, ¿cómo puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una de ellas, y por eso debes ir a visitarlo tan pronto como llegue.
—No veo la razón para ello. Puedes ir tú con las muchachas o mandarlas a ellas solas, que tal vez sea mejor; como tú eres tan guapa como cualquiera de ellas, a lo mejor el señor Bingley te prefiere a ti.
—Querido, me adulas. Es verdad que en un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedo pretender ser nada fuera de lo común. Cuando una mujer tiene cinco hijas creciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza.
—En tales casos, a la mayoría de las mujeres no les queda mucha belleza en qué pensar.
—Bueno, querido, de verdad, tienes que ir a visitar al señor Bingley en cuanto se instale en el vecindario.
—No te lo garantizo.
—Pero piensa en tus hijas. Date cuenta del partido que sería para una de ellas. Sir Willam y lady Lucas están decididos a ir, y sólo con ese propósito. Ya sabes que normalmente no visitan a los nuevos vecinos. De veras, debes ir, porque para nosotras
será imposible visitarlo si tú no lo haces.
—Eres demasiado comedida. Estoy seguro de que el señor Bingley se alegrará mucho de veros; y tú le llevarás unas líneas de mi parte para asegurarle que cuenta con mi más sincero consentimiento para que contraiga matrimonio con una de ellas; aunque pondré alguna palabra en favor de mi pequeña Lizzy.
—Me niego a que hagas tal cosa. Lizzy no es en nada mejor que las otras, no es ni la mitad de guapa que Jane, ni la mitad de alegre que Lydia. Pero tú siempre la prefieres a ella.
—Ninguna de las tres es muy recomendable —le respondió—. Son tan tontas e ignorantes como las demás muchachas; pero Lizzy tiene algo más de agudeza que sus hermanas.
—¡Señor Bennet! ¿Cómo puedes hablar así de tus hijas? Te encanta disgustarme. No tienes compasión de mis pobres nervios.
—Te equivocas, querida. Les tengo mucho respeto a tus nervios. Son viejos amigos míos. Hace por lo menos veinte años que te oigo mencionarlos con mucha consideración.
—¡No sabes cuánto sufro!
—Pero te pondrás bien y vivirás para ver venir a este lugar a muchos jóvenes de esos de cuatro mil libras al año.
—No serviría de nada si viniesen esos veinte jóvenes y no fueras a visitarlos.
—Si depende de eso, querida, en cuanto estén aquí los veinte, los visitaré a todos.
El señor Bennet era una mezcla tan rara entre ocurrente, sarcástico, reservado y caprichoso, que la experiencia de veintitrés años no habían sido suficientes para que su esposa entendiese su carácter. Sin embargo, el de ella era menos difícil, era una
mujer de poca inteligencia, más bien inculta y de temperamento desigual. Su meta en la vida era casar a sus hijas; su consuelo, las visitas y el cotilleo.
Análisis de la escena:
-
Marco: la casa de los Bennet.
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Personajes: señor y señora Bennet.
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Conflicto: la señora Bennet quiere que su marido vaya a visitar al nuevo vecino, potencial marido para sus hijas, pero él no quiere.
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Tensión: la señora Bennet quiere contarle algo, el señor Bennet no parece estar interesado ("contestó que no", "no hizo ademán de contestar").
-
Cambio: al principio de la escena el padre no sabe que hay un nuevo vecino (esto cambiará la vida de sus hijas de ahora en adelante) y no parece interesado en absoluto. Ante la insistencia de su mujer, acepta ir a visitarlo.
2.4.4. Tipos de escena según su función
En una narración, las escenas pueden cumplir diferentes funciones:
Escenas de acción: son escenas activas en las que o bien se introduce un nuevo conflicto, se ven las consecuencias de un giro de trama, en definitiva son escenas donde "pasan cosas". Los personajes se mueven hacia un objetivo o luchan contra un obstáculo, es decir, hacen avanzar la trama.
Escenas de reacción: también introducen un nuevo objetivo o el cambio en el rumbo del personaje, hacen avanzar la trama, pero de una forma más pausada. Giran en torno a la reacción del personaje ante los cambios que han ocurrido previamente. Habitualmente nos adentran en los pensamientos del personaje, se usan como transición.
Escenas de profundización: no hacen avanzar la trama, añaden información sobre algún aspecto de la historia. Son muy útiles para explicar elementos importantes del universo que hemos creado, pero tienen el riesgo de resultar aburridas si
Actividad práctica: escribir una escena
Instrucciones:
Utiliza el personaje que creaste en el apartado 2.2.
Coloca a ese personaje en un lugar concreto. Puede ser cotidiano (su habitación, el instituto, un parque) o extraordinario (lo que prefieras).
En esa escena, debe ocurrir algo que active su deseo o su miedo. Puede ser la llegada de un mensaje, un encuentro inesperado, un recuerdo que vuelve, lo que imagines.
-Escribe la escena (extensión orientativa: una página). Aplica:
Mostrar: No digas lo que siente, muéstralo.
Tensión: Crea un clima, aunque sea sutil.
Cambio: Algo debe ser diferente al final de la escena.
-Cuando termines, reflexiona: ¿Cuál es el conflicto de esta escena? ¿Qué cambia desde el principio al final? ¿Qué función cumple en una posible historia más amplia?
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