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4.4. Relato de terror y suspense: el género que nunca falla

4.4.1. ¿Por qué el terror?

 El género de terror tiene un atractivo casi universal entre adolescentes. La razón es sencilla: las emociones fuertes (miedo, suspense, angustia) son adictivas, y escribirlas permite experimentarlas de forma controlada. Además, el terror tiene reglas claras y fáciles de aprender.

4.4.2. Elementos básicos del relato de terror

  • Atmósfera

     

La creación de un ambiente opresivo, inquietante, mediante descripciones sensoriales (olores, sonidos, luces, temperaturas). Vemos dosedu-xar1b8kn2ck-unsplash.jpg ejemplos:

Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mí alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo.

Frankenstein, Mary Shelley.

La descripción de los sentidos es muy importante en este género y se puede utilizar como un disparador de la creatividad muy interesante, además de un recurso para describir en cualquier otro género.

El almohadón tenía un peso enorme. Jordan lo acercó a la luz y lo examinó. Entonces, con toda claridad, vio que el almohadón tenía una mancha enorme, de un color oscuro, casi negra, en el centro de uno de los lados. Acercó los dedos y la tela se rompió con un ruido seco. De la hendidura abierta, como de una boca, brotó un chorro de sangre que cayó sobre la alfombra.

El almohadón de plumas, Horacio Quiroga.

  • Suspense:

La acumulación de tensión mediante la anticipación. El lector sabe que algo malo va a pasar, pero no sabe cuándo ni cómo.

Stoker construye el suspense a través de la descripción del entorno y la anticipación del peligro. Jonathan Harker, en el castillo del conde, percibe la amenaza sin verla directamente:

Había algo en aquella habitación que me oprimía, una sensación de angustia que no podía explicar. La luz de la luna entraba por la ventana y dibujaba formas extrañas en el suelo. De repente, vi una sombra que se movía, pero no había nada que pudiera proyectarla. El corazón me latía con fuerza y sentía que alguien me observaba desde la oscuridad.

Drácula, Bram Stroker.

  • Lo siniestro cotidiano:

Los mejores relatos de terror convierten lo familiar en amenazante (una casa, un juguete, un vecino). El hecho de que cualquier objeto o persona que tenemos a nuestro alrededor pueda convertirse en lo terrorífico intensifica la sensación que busca este tipo de relatos.

El mono estaba allí, sentado en una caja de cartón llena de viejos adornos navideños. Tenía los brazos levantados, los platillos en las manos, como si estuviera a punto de entrechocarlos. Hal no lo había visto desde que era niño, pero lo reconoció al instante. Era de un color marrón desvaído, con el pelaje gastado en algunas zonas dejando ver el plástico amarillento. Los ojos eran dos cuentas negras y brillantes, y la sonrisa pintada parecía más una mueca que otra cosa. No había nada especialmente siniestro en él, y sin embargo Hal sintió que un dedo de hielo le recorría la espalda.

Skeleton Crew, Stephen King.

  • El miedo psicológico:

A veces, lo que da más miedo es lo que no se ve, lo que solo existe en la mente del personaje. La idea de que lo realmente terrorífico está dentro de nosotros y que no podemos hacer nada por evitarlo es el motor de muchas de las grandes historias de terror.

La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles... ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo?

El gato negro, Edgar Allan Poe.

  • La ambigüedad:

El terror efectivo no siempre explica todo; deja cabos sueltos que siguen perturbando al lector después de terminar la lectura. Tanto en descripciones que da lugar a que nuestra mente cubra huecos con nuestros grandes temores, como en un final abierto, la ambigüedad es muchas veces el mejor aliado cuando escribimos terror.

Parecía una especie de monstruo, o el símbolo de un monstruo, o una forma que sólo una fantasía enfermiza hubiese podido concebir. Si digo que mi imaginación, algo extravagante, se representó a la vez un pulpo, un dragón y la caricatura de un ser humano, no traicionaré el espíritu del dibujo. Sobre un cuerpo escamoso y grotesco, provisto de alas rudimentarias, se alzaba una cabeza pulposa y coronada de tentáculos.

La llamada de Cthulu, H.P. Lovecraft.

4.4.3. Actividad para el aula

Título: "Objeto maldito / Lugar siniestro"

Fase 1: Lectura de modelos (10 minutos)

  • Lee en voz alta diversos ejemplos.

  • Pregunta: ¿Qué elementos crean miedo? ¿Cómo lo consiguen?

  • Identificad juntos: atmósfera, suspense, final ambiguo...

Fase 2: Lluvia de ideas 

  • Cada alumno elige un objeto cotidiano (un espejo, un móvil, un peluche, unas llaves) o un lugar conocido (el instituto por la noche, su propia habitación, un ascensor).

  • En una hoja, escribe palabras sueltas relacionadas con ese objeto o lugar: sonidos, olores, sensaciones, recuerdos.

Fase 3: Escritura 

  • Escribe un relato breve donde ese objeto o lugar se convierte en el origen del terror.

  • Debes aplicar al menos dos de estos elementos: atmósfera, suspense, final ambiguo.

  • Extensión: una página aproximadamente.

Fase 4: Lectura compartida 

  • Voluntarios leen sus relatos.

  • Se puede votar el relato que más miedo haya dado.